Novela
LISBOA. un melodrama
LEOPOLDO BRIZUELA
(Alfaguara - Buenos Aires)
Me declaro brizuelista de la primera hora. En 1998, Brizuela gana el primer premio de novela, auspiciado por Clarín. ¡Qué imaginación prodigiosa, qué capacidad para metaforizar tanto hechos históricos como secuencias y personajes de otros textos, llevándolos a un nivel de pura poesía!
Había, además, seducción en su pulcro y afiatado manejo del lenguaje. Aquella novela, Inglaterra. Una fábula, lanzó la carrera del joven (1963) escritor platense al plano internacional, como lo acreditan numerosos premios y traducciones. Lisboa. Un melodrama, reafirma tal prestigio. Un detalle: la segunda parte de los títulos de estas novelas rubrica un pacto de lectura: del simbolismo y la moraleja implícita en la fábula, vamos al abigarramiento de incidentes y al énfasis emotivo del melodrama.
Un narrador omnisciente nos va guiando a través de una polifonía de historias personales, diálogos y sucesos que se develan en una noche de noviembre de 1942, una suerte de imposible walpurgisnacht en un Portugal gobernado por el dictador Antonio de Oliveira Salazar y tensado ante la presión de los aliados para que el pequeño pero estratégico país abandone su neutralidad. Como en un programa de teatro, cuna del melodrama, el libro se abre con una lista de los protagonistas de los numerosos encuentros y desencuentros a los que asistiremos.
El eje de todo es el cónsul argentino en Lisboa, quien, como los demás personajes, carga también su pesada mochila de problemas y de pasiones.
Búsquedas
El abigarramiento argumental demanda una lectura alerta, motivo por el que algunos lectores impacientes podrían quedarse en el camino. Sin embargo, más allá del detalle puntual, hay hilos conductores que tematizan las ideas centrales. Por una parte, la búsqueda, sea de una persona, de un perdón o de un lugar, cuando no del ascenso social. Por otra parte, estas búsquedas se resumen en una búsqueda que las incluye a todas: la de uno mismo.
Casi sitiados por las multitudes de emigrantes -incluyendo un gran grupo de niños judíos- que colman el puerto y sus alrededores a la espera de que el barco Boa Esperanza zarpe hacia la Argentina, se mueven personajes ficcionales y otros tomados de la realidad, como un fugaz Mircea Eliade, el fuerte recuerdo de Gardel, Imperio Argentina y un núcleo musical que reivindica la presencia de la música ("melos") como elemento esencial del melodrama.
Están allí, pues, Enrique Santos Discépolo y su mujer, Tania, en contrapunto con Amalia Rodrigues, talentosa cantante portuguesa de fados. Tango y fado, melancólicos, envolventes; Buenos Aires y Lisboa, capitales fluviales al lado de un océano que las separa, pero que también las conecta. La gran diferencia proviene de la circunstancia histórica: la guerra está llegando a Portugal, a ese borde de Europa. Del otro lado del mar, no lejos del "fin del mundo", la paz aguarda.
Dice Brizuela en una entrevista: "No es sencillo hablar de la cocina de una novela. No es algo cronológico. Al principio hay una especie de magma del que emergen imágenes que no tienen relación entre sí hasta que una nueva imagen las une a todas, y así se van descubriendo cosas que uno no sabía. Toda escritura está guiada por el no saber." De acuerdo, Leopoldo. Y toda lectura también se moviliza por ese impulso de saber, de entrar en un terreno que puede deparar entretenimiento, sorpresa y tal vez conocimiento. Y hasta re-conocimiento de rasgos y preocupaciones que uno comparte con otros seres, sean o no reales.
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